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PALABRAS DEL EMBAJADOR NESTOR MENDEZ, SECRETARIO GENERAL ADJUNTO DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS AMERICANOS (OEA)

publicado a la‎(s)‎ 3 abr. 2017 9:49 por Jid Webmaster   [ actualizado el 3 abr. 2017 10:20 ]


Señoras y señores,

 

Introducción

Quiero comenzar mis palabras agradeciendo a las autoridades de la Junta  Interamericana de Defensa por el honor de su invitación a participar en este acto de conmemoración de su setenta y cinco  aniversario. Es para mí una gran satisfacción acompañarlos en un momento tan trascendente como este.  

Esta institución constituye una valiosa entidad de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Su misión central es brindar servicios de asesoramiento técnico, consultivo y educativo a la OEA y a sus Estados Miembros acerca de temas relacionados con asuntos militares y de defensa en el hemisferio. Al mismo tiempo, la Junta ha sido muy eficaz en las tareas que se le han encomendado en el plano del enfrentamiento de emergencias provocadas por desastres naturales.

Como es de su conocimiento, hemos vivido recientemente eventos trágicos en algunos de nuestros países.  El año pasado el Huracán Mathew causó extensos daños en varios de nuestros Estados Miembros. Asimismo, el Ecuador fue afectado por un terremoto que también causó la perdida de cientos de vidas humanas y que dejo heridas a miles de personas.  En respuesta a estas urgentes situaciones, convoqué reuniones del Comité Interamericano de Asistencia para Situaciones de Emergencia, un mecanismo de la OEA dirigido a responder a desastres, que reúne a las agencias pertinentes del Sistema Interamericano.  En ambas situaciones, la Junta cumplió una misión muy importante estableciendo una “Sala de Situación” para coordinar los esfuerzos de emergencia de varias agencias del hemisferio. Dicha cooperación frente a situaciones como estas demuestra nuevamente la solidaridad y el aporte de la Junta con el cual siempre contamos en momentos difíciles.

 

Antecedentes históricos

Instalada un 30 de marzo de 1942, seis años antes al establecimiento de la propia OEA en 1948, en este aniversario debemos celebrar que la JID constituye la organización regional de defensa más antigua del mundo. El valor de esta institución se puede apreciar por la extensa capacidad que ha demostrado en adaptarse a las necesidades de los tiempos en un contexto regional y global que tanto ha cambiado en los últimos 75 años.

           

A la Junta Interamericana la crean los Estados Miembros de la entonces Unión Panamericana, y su origen tiene directa relación con el ataque a Pearl Harbor en diciembre de 1941 y la consiguiente entrada a la II Guerra Mundial de varias naciones de nuestro hemisferio. Entre otros factores de alta preocupación de ese momento estaba el hecho que muchos de los que hoy son estados soberanos miembros de la OEA eran colonias de naciones europeas ocupadas por Alemania y surgía la consecuente amenaza de tener la presencia del Tercer Reich en territorios de nuestro continente. Esto es solo un dato anecdótico, aunque histórico, de los orígenes de la Junta.

 

Si tuviéramos que describir o clasificar en períodos esta larga historia de la JID, la característica relevante de cada etapa estuvo dada por la orientación que le impusieron los Estados Miembros. Asimismo, en cada período se fueron creando diferentes instrumentos y mecanismos en materia de defensa y seguridad regional de lo que denominamos como Sistema Interamericano. En efecto, podríamos identificar y analizar este proceso en al menos cuatro etapas, cada una de las cuales con entornos de seguridad específicos y correspondidos con adaptaciones de los arreglos institucionales al interior de la OEA.

 

El primer período abarca la década de los 40, marcada por la conflagración mundial, pero también por la adopción de instrumentos como el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, así como la aprobación de la propia Carta de la OEA y el Tratado Americano de Soluciones Pacíficas o Pacto de Bogotá, de 1948. En materia de seguridad y defensa, en esta etapa primó sustancialmente el modelo de seguridad colectiva ante amenazas de origen extra continental. La misión fundamental de la JID en esta primera fase de su historia fue precisamente la de “preparar la legítima defensa colectiva frente a la agresión”.

 

Posteriormente sobrevino el período de cinco décadas de la Guerra Fría que impuso la polarización Este-Oeste bajo la permanente amenaza del holocausto nuclear. En nuestro continente, esta etapa que tuvo su ápice desde los años 50 hasta fines de los 70, se caracterizó por la confrontación ideológica al interior de nuestras naciones, la era de los golpes militares, los conflictos armados internos y la imposición de la doctrina de la seguridad nacional. 

 

La tercera etapa corresponde a la recuperación democrática en América Latina iniciada a mediados de los 80, que asimismo coincidió posteriormente en los años 90 con la nueva atmósfera de distención generada por el fin de la Guerra Fría.

En estos años se llevan a cabo importantes debates superadores de las viejas doctrinas de seguridad colectiva y seguridad nacional y al interior de nuestros países comienza un proceso de reformas centradas en el papel de las fuerzas armadas en una sociedad democrática. A nivel regional emerge el concepto doctrinario de defensa cooperativa. En esta etapa se construye institucionalidad. Dentro de la OEA se establece la Comisión de Seguridad Hemisférica y en el marco de las Cumbres Presidenciales de las Américas se crea la Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas. Asimismo, se introducen las políticas de promoción de medidas de fomento de la confianza y seguridad, se adoptan las Convenciones Interamericanas contra la Fabricación y el Tráfico Ilícitos de Armas de Fuego, Municiones, Explosivos y Otros Materiales Relacionados (CIFTA 1997) y sobre Transparencia en las Adquisiciones de Armas Convencionales (CITAAC 1999), todo ello en el marco de una adaptación a los nuevos tiempos de las políticas y estrategias en materia de defensa.

 

Finalmente, el cuarto período, en el que actualmente nos encontramos, comienza en los primeros años del siglo XXI y está decididamente marcado por la irrupción de fenómenos violentos como el terrorismo y las diversas modalidades del delito organizado transnacional. En el seno de la OEA, esta etapa comenzó debatiendo y consensuando una perspectiva actualizada a la luz de las nuevas circunstancias mundiales y regionales, y ello se tradujo en la adopción del enfoque multidimensional de la seguridad hemisférica, plasmado en la Declaración sobre Seguridad en las Américas adoptada en México en el 2003. Este nuevo concepto reconoce que las amenazas, preocupaciones y otros desafíos a la seguridad en el hemisferio son de naturaleza diversa y alcance multidimensional y que el concepto y enfoque tradicionales deben ampliarse para abarcar amenazas nuevas y no tradicionales, que incluyen aspectos políticos, económicos, sociales, de salud y hasta ambientales. Cabe sin embargo señalar que toda esta nueva concepción sobre seguridad regional no ha culminado de procesar y articular las implicaciones y orientaciones específicas para el sector defensa aún.

 

Sistema Interamericano

En el transcurso de las etapas descritas se evidenciaron asimismo la creación de nuevos foros, tanto de carácter hemisférico como subregionales que van desde las conferencias especializadas de los ejércitos, armadas y fuerzas aéreas de las Américas, hasta los nuevos mecanismos de cooperación en defensa y seguridad dentro de los espacios de UNASUR, CARICOM y SICA, que fueron agregándose en paralelo a los componentes del esquema institucional del sistema interamericano de defensa, sin necesariamente reemplazarlos o transformarlos. Todo esto deviene en la actual arquitectura de múltiples niveles, plataformas y foros en materia de seguridad regional y defensa.

 

Desde la Secretaría General y nuestra Secretaría de Seguridad Multidimensional cuya dirección ha sido recientemente asumida por la Dra. Claudia Paz y Paz, estamos empeñados en asistir y brindar los insumos necesarios que permitan la adopción de medidas y lineamientos por parte de los órganos de decisión política en materia de defensa como lo son principalmente la Asamblea General, las Reuniones de Consulta de la OEA, el Consejo Permanente y la Comisión de Seguridad Hemisférica.  En esta tarea se suma el acompañamiento de la Junta Interamericana de Defensa (JID) que desde el 2006 reviste su carácter de “entidad” de la OEA con funciones de asesoría técnica, consultiva y educativa en materia militar y de defensa.

 

Hoy nuestra Organización se encuentra encaminada a avanzar en la consecución de objetivos tangibles y mensurables en las cuatro áreas o pilares estratégicos como lo son: Democracia, Derechos Humanos, Desarrollo Integral y Seguridad Multidimensional.

 

En lo que respecta a seguridad regional y defensa, podemos decir que en nuestro continente, como nunca antes en nuestra historia, prevalece la paz y la observancia sin excepciones del principio de la solución pacífica de las controversias entre nuestros Estados Miembros. Asimismo, ciertos factores de carácter geopolítico e ideológico que por décadas generaron polarización y confrontaciones en nuestro hemisferio y en el propio seno de la OEA, como la controversia EEUU-Cuba, hoy son en gran medida parte del pasado a partir de la normalización de relaciones y la apertura de espacios para el diálogo y la cooperación. Finalmente, no es menor logro para nuestra región y ejemplo al mundo, la histórica solución negociada al último conflicto armado interno en la hermana república de Colombia.  La OEA, al igual que otros actores de la comunidad internacional, esta activamente comprometida en el apoyo a la implementación de los acuerdos de paz alcanzados por los colombianos.

 

Todos estos avances en materia de consolidación de la paz y la seguridad en nuestra región nos llevan también a valorar la relevancia de algunos preceptos y metas más recientes establecidos por los Estados Miembros de la OEA. Particularmente me refiero al objetivo refrendado en 2014 por la Asamblea General de propiciar a nuestra América como “Zona de paz, cooperación y solución pacífica de controversias”, basados en el respeto de los principios y normas del derecho internacional y la plena observancia de consagrados principios americanos como el de que ningún Estado o grupo de Estados tiene derecho de intervenir, directa o indirectamente, y sea cual fuere el motivo, en los asuntos internos o externos de cualquier otro.

 

En este mismo marco de medidas consensuadas de consolidación de la paz y seguridad, tampoco podemos olvidar ese otro logro imperecedero de las naciones latinoamericanas en el alto objetivo de propiciar un mundo libre de armas nucleares. Precisamente estamos celebrando este año medio siglo de vigencia del Tratado de Tlatelolco para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina y el Caribe. Este instrumento ejemplar del derecho internacional no solo ha reforzado la seguridad y confianza entre los Estados del Hemisferio, sino que al mismo tiempo constituye un claro ejemplo en materia de desarme y no proliferación para aquellos Estados que poseen armamento nuclear y otras armas de destrucción masiva.

 

Futuro sistema interamericano de defensa

Esta importante ocasión de celebrar 75 años de la creación de la JID nos ofrece un momento apropiado para mirar hacia atrás, analizar y evaluar el resultado de los diferentes enfoques que ha tenido la defensa en nuestro hemisferio y en el seno de nuestro sistema interamericano. Este ejercicio nos permitirá obtener valiosas conclusiones respecto a lecciones aprendidas, así como la identificación de los aciertos y también de los errores.

 

Este ejercicio retrospectivo sin embargo, nos brindará las bases para algo que considero aún más importante: mirar hacia adelante para definir qué queremos y qué necesitamos de un sistema interamericano de defensa del siglo XXI. Es precisamente bajo estas premisas que considero apropiado proponer a los Estados Miembros que sea a partir de este año 2017 y en el marco de los 75 años de la Junta, el inicio de la necesaria reflexión y debate que nos lleve a consensuar los objetivos estratégicos en materia de defensa y seguridad regional que demanda nuestra actual realidad. Estoy personalmente convencido que el actualizado esquema interamericano de seguridad y defensa deberá basarse por sobre todo en la articulación de un sistema de cooperación en defensa que acompañe la consolidación democrática y responda con eficacia a los nuevos desafíos y necesidades que nos imponen los riesgos y amenazas en los niveles nacionales, regionales y globales. Por ello mismo, mi recomendación se inclina a que la referida reflexión por parte de los órganos competentes de decisión política de la OEA sea inclusiva no solo de los estamentos que dirigen la política exterior de nuestros Estados Miembros, sino también de las más altas autoridades nacionales del sector defensa o seguridad, según corresponda a los respectivos ordenamientos internos. En este sentido aprovecho la oportunidad para expresar mi saludo a los Sres. Ministros y altas autoridades de Defensa aquí presentes.

 

Estimados señoras y señores miembros del Consejo de Delegados, de la Dirección General y del Colegio Interamericano de Defensa, en esta celebración de tres cuartos de siglo de la Junta, quisiera hacer referencia a un aspecto que reviste singular importancia: cada uno de ustedes, en su carácter de efectivos militares, son partícipes activos de la inserción y misión de las Fuerzas Armadas en un Estado democrático de Derecho. Esto se evidencia, por ejemplo, en la incorporación de los derechos humanos, el derecho internacional humanitario y las nuevas políticas con enfoque de género, tanto en la instrucción militar como en actividades operativas de las Fuerzas Armadas en nuestros países. Pero también se expresa singularmente en la generalizada adopción del fundamental principio de conducción civil de la defensa, que por cierto está presente en el propio Estatuto de la Junta Interamericana de Defensa. Estos avances de tanta importancia convierten a los militares como ustedes en verdaderos ciudadanos de uniforme.

 

Conclusión

 

Estimados Señores y señoras, como Secretario General Adjunto de la OEA, y personalmente como ciudadano de las Américas, quisiera terminar mi intervención entregándoles un afectuoso saludo en este 75 aniversario de la Junta Interamericana de Defensa y, por intermedio de todos ustedes, deseo extender ese saludo a las fuerzas armadas de nuestra región, junto con nuestro reconocimiento por las tareas que han desempeñado en el último año. También aprovecho esta oportunidad para subrayar nuevamente nuestro compromiso de continuar trabajando con la Junta en todas las actividades que la Secretaría General de la OEA y la JID emprenden conjuntamente.

Muchas gracias

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